Manualidad | Calabazas para Halloween

Por Sara Blázquez

Halloween ya está aquí, y en Cuento a la vista creemos que una buena forma de celebrarlo es con un cuento y una manualidad. Como cuento os proponemos ¡¡Demasiados caramelos!!, y como manualidad os presentamos esta fantástica calabaza, ideal para decorar cualquier fiesta de Halloween.

Es muy sencilla, adaptable a cualquier edad, y necesitamos poquitos materiales:

–    Un calcetín de media.
–    Aguja e hilo.
–    Tijeras.
–    Algodón.
–    Témperas de colores y pincel.

1. En primer lugar hacemos un nudo pequeño justo en la punta de calcetín y metemos el algodón; lo apretamos, damos algo de forma y lo ajustamos con un nudo.

2. A continuación volvemos a pasar el relleno por el calcetín girándolo, para que así quede envuelto dos veces.

3. Hacemos un nudo en el extremo y cortamos lo que nos sobra, pero sin pasarnos, porque eso será el rabo de la calabaza.

4. Lo siguiente que tenemos que hacer en atravesar con hilo y aguja de arriba abajo, apretándolo bien para dar forma. Esto lo hacemos tantas veces como queramos.

5. Por último solo nos queda pintar nuestra calabaza y ponerle ojos y boca, nosotras hemos utilizado gomaeva. En lo que respecta al color… podéis escoger el color que más os guste (¡hay calabazas de muchos colores!).

Si queréis le podéis dar un poco de cola blanca al rabito para darle forma y… ¡listo!

Ilustración busca cuento: Bases del concurso – Noviembre 2014

Cuento a la vista cumple 4 años y queremos celebrarlo lanzando un nuevo concurso de cuentos en nuestra sección Ilustración busca Cuento. 


La convocatoria está abierta a todos los niños de hasta 12 años que escriban un cuento relacionado con esta ilustración. 

Para ello contamos con dos categorías: 

– Categoría A: Para niños de hasta 8 años.
– Categoría B: Para niños de entre 9 y 12 años. 

El plazo de presentación finaliza el viernes domingo, 30 de noviembre

Tenéis que enviar los cuentos a: participa@cuentoalavista.com y en el asunto poner:  Ilustración Busca Cuento Noviembre 2014. Junto con el cuento deberán aparecer la categoría a la que se presenta y los datos del participante: Nombre y Apellidos del niño, Fecha de Nacimiento e Email de contacto.

Cada ganador recibirá un premio consistente una colección de 6 libros infantiles.

Aquí tenéis la ilustración y las bases completas: 

1. Participantes: Podrá participar en este concurso cualquier niño que lo desee, nacional o extranjero. Dependiendo de la edad, se participará en una de las siguientes categorías:


– Categoría A: Para niños de hasta 8 años.
– Categoría B: Para niños de entre 9 y 12 años. 

2. Temática: El cuento deberá ser infantil, estar relacionado con la ilustración propuesta y escrito en castellano.

3. Extensión: Los cuentos deberán ser originales e inéditos, escritos en castellano y con una extensión no mayor a un folio escrito por una sola cara en cuerpo 12 y a doble espacio.

4. Presentación: Los cuentos se enviarán por email a la siguiente dirección: participa@cuentoalavista.com y el asunto Ilustración BuscaCuento Noviembre 2014 .Junto con el cuento deberán aparecer la categoría a la que se presenta y los datos del participante: Nombre y Apellidos del niño, Fecha de Nacimiento e Email de contacto.

5 . Plazo de presentación. El plazo de presentación de cuentos finalizará el 30 de noviembre de 2014.

6. Resolución del Concurso. Cuento a la Vista seleccionará el mejor cuento de cada categoría que se publicará en http://www.cuentoalavista.com durante la primera quincena de diciembre.

7. Premios: Se establece un único premio por categoría consistente en un lote de seis libros.

8. Devolución de propuestas: Las obras presentadas no serán devueltas, pudiendo ser empleadas éstas para futuras comunicaciones.

9. Será responsabilidad de los autores, o en su defecto sus tutores legales, cualquier reclamación que pueda producirse en relación con la autoría del cuento y su posible plagio.

10. La Organización del Concurso, podrá resolver las dudas que se presenten y tomar los acuerdos necesarios para el buen orden del concurso, en todo lo no previsto en estas Bases.

11. Si en el plazo de 5 días tras habernos puesto en contacto con el ganador, este no aceptara el premio, el ganador pasará a ser el segundo finalista y así sucesivamente.

12. La presentación al concurso supone la aceptación íntegra de las bases del mismo.

Lanzamiento Cuento a la vista: PALABRA DE ÁRBOL

Palabra de árbol
Textos: María Bautista
Ilustraciones: Raquel Blázquez
Nº de páginas: 106
Formato: 15 x 21 cm
Ilustración: Cuatricomía
Encuadernación: Rústica
A partir de 10 años
PVP. 10,90 euros  

Vuelve Palabra de árbol, el primer proyecto en común de la ilustradora Raquel Blázquez y la escritora María Bautista y la semilla de lo que luego se convertiría en Cuento a la vista.

En 2010 recibió el accésit de la XIII Edición del Premio de Cuentos Ilustrados de la Diputación de Badajoz y el Premio Escolar de este mismo certamen, otorgado por los alumnos del colegio público Guadiana. Publicado en diciembre de 2010 por la Diputación de Badajoz, el libro agotó sus dos primeras ediciones en apenas un año y medio y fue trabajado en una decena de colegios de Salamanca, Madrid y Guadalajara.

Cuatro años después, la editorial Cuento a la vista recupera las historias de Sofes con una edición nueva y unas ilustraciones que mantienen la ternura de las originales, pero que se muestran más maduras y estudiadas.

Lo que no cambia son las historias de Sofes, un castaño centenario con una profesión muy especial: la de cuentacuentos. Bajo sus ramas podrás descubrir tres historias en la que por encima de todo afloran valores tan importantes como el respeto a la naturaleza, o la sabiduría de los mayores.


Así, en el primer cuento conocemos a Berta es una niña a la que no le gusta leer. Ni subirse a los árboles. Ni jugar a otra cosa que no sea a su consola. Berta recibe una noche una misteriosa nota y comienza así una increíble búsqueda del tesoro, en la que Berta, de la mano de su abuelo Pedro, aprenderá a mirar a su alrededor de otra forma.

Otra de las historias de Sofes nos lleva hasta un circo. Allí vive Ava, una leona triste que sueña con África, con la libertad, con la Sabana. Por eso planea escaparse de la jaula en la que vive. Pero para ello necesitará de la ayuda de los animales del bosque.

Por último, un viejo árbol, pegado a la misma tierra durante más de cuatrocientos años quiere hacer un viaje, aunque para ello tenga que sacrificar lo más importante que tiene: sus hojas.

En Palabra de árbol todos los personajes buscan algo y aquello que encuentran les cambiará su percepción del mundo.

Un libro que vuelve en un formato más manejable y con un precio más asequible para todos y que puedes conseguir en nuestra amplia red de librerís o enviándonos un correo a gestioncultural@cuentoalavista.com

Cambio de papeles


Texto de María Bautista 
Ilustración de Raquel Blázquez
Mario era el humano de Zeta y Zeta, que tenía el pelo rojizo como un zorro, era el gato de Mario. A Zeta le gustaba mucho su humano, pero también le gustaba ir a su aire. Por mucho que el niño insistía, Zeta nunca dormía en su cama cuando él estaba dentro, prefería hacerlo acurrucado en un cojín junto al radiador. A Zeta le gustaba descubrirlo todo, ¡era tan curioso! y no tenía miedo a nada, o casi a nada. Porque el aspirador, en verdad, le asustaba un poquito.  Cuando olía, oía o veía algo nuevo, Zeta no se lo pensaba dos veces… acudía sigiloso a olfatear, escuchar y observar lo que pasaba. Era todo lo contrario que su humano. Y es que a Mario no le gustaban las cosas nuevas: le daban miedo. 

Por eso cuando aquel otoño comenzó en una escuela nueva, un colegio de mayores, que decía su abuela, Mario no paraba de quejarse. Eso a pesar de que había muchas cosas que le gustaban de su nuevo colegio. Para empezar ya no tenían que llevar ese babi color verde que tanto odiaba. Además, el colegio nuevo era mucho más grande y en vez de un patio de arena, tenían una pista de fútbol y otra de baloncesto. Sin embargo, las clases eran cada vez más complicadas. Lo que menos le gustaba a Mario era cuando le tocaba leer en alto delante de toda la clase. Se ponía tan nervioso que todas las letras comenzaban a bailar y a mezclarse unas con otras. Al final Mario comenzaba a tartamudear y le tocaba a otro releer lo que él había leído. 
Mario le contaba a Zeta todas estas cosas y el gato, mientras se dejaba acariciar con paciencia, pensaba en lo injusto que era que Mario, que no quería ir al colegio, tuviera que acudir a él cada día.
–Y mientras yo, que me encantaría, tengo que quedarme en casa cada día. ¡Con lo que me gustaría a mí ir al colegio y aprender a leer!
Para Mario, sin embargo, era todo lo contrario:
–Qué suerte tienes Zeta, tú puedes estar en casa todo el día… ¡Si yo fuera un gato: sería tan feliz!
Y tanto quería Zeta ir al colegio y tanto quería Mario ser un gato, que una noche de luna llena un hada traviesa que pasaba por la ventana decidió concederles el deseo.
–Durante una semana Zeta será un humano y Mario un gato…
Imaginaros el lío que se montó a la mañana siguiente… Zeta con su cuerpo de niño de 6 años y Mario lleno de pelo color rojizo.
–Y ahora ¿qué hacemos? –exclamó Zeta que ahora hablaba como los humanos, puesto que era uno de ellos.
–Pues tendrás que ir al colegio y hacerte pasar por mí –maulló Mario mientras se chupaba la pata con su lengua aterciopelada.
Y así lo hicieron. Zeta se marchó al colegio y allí vio con sus ojos todo lo que Mario le había contado. Lo campos de fútbol y baloncesto, los libros repletos de letras y aquella maestra que les hacía leer en voz alta. Como Zeta era muy curioso y no le tenía miedo a nada, estuvo observando a todos los niños, mirando bien los libros y descubriendo en qué consistía eso de leer. Pero aunque todo era muy divertido, Zeta estaba agotado. Así que cuando llegó el recreo pensó quedarse acurrucado en una esquina y echarse una siestecita: aquello de ser niño era muy entretenido, pero también muy agotador. Pero cuando estaba a punto de quedarse dormido, sus amigos vinieron y le obligaron a jugar un partido de fútbol con ellos.
Mientras tanto, en casa, Mario se había quedado en la cama tan a gusto que pensó que eso de ser gato era lo mejor del mundo. A mediodía se fue al despacho de Papá, se subió a la mesa y empezó a ronronear. Papá, que estaba revisando unos papeles muy complicados le apartó de un manotazo. Y el pobre Mario convertido en gato acabó de bruces en el suelo.
–Bueno, volveré a mi camita. No tengo nada que hacer más que dormir, comer y jugar…
Pero dormir tantas horas era aburrido, y no hablemos de jugar: perseguir una bola de lana no era la idea que Mario tenía de diversión. Tampoco era mejor comer: aquellas bolitas secas que Zeta solía devorar a todas horas sabían a rayos y truenos.
Y así fueron pasando los días. Zeta en el colegio, tan observador, había aprendido a leer. Mario, en casa, como no tenía nada que hacer, se dedicaba a curiosear por todas partes y a descubrir rincones en los que nunca se había fijado. También se estaba volviendo más valiente: ¡hasta había aprendido a enfrentarse al aspirador como nunca lo había hecho su gato! Y eso que al principio, cuando sintió la máquina apuntando hacia él casi se cae del susto, pero sabía que no tenía nada que temer, porque aunque esa máquina era muy potente, él era mucho más rápido.
Pero ambos echaban de menos su vida anterior: el colegio estaba bien, y leer era muy divertido para Zeta, pero era mucho mejor pasarse todo el día durmiendo y curioseando a su antojo. A Mario ser gato le parecía muy cómodo, pero también muy aburrido. No podía salir a a la calle, ni jugar al fútbol con amigos. Extrañaba el colegio, ¡incluso aunque le hicieran leer en alto!
Así que aquella noche, cuando habían pasado ya siete días desde que se cambiaron los papeles, Mario y Zeta empezaron a discutir cómo acabar con aquella situación:
–Yo no quiero ir más al colegio. ¡Vaya aburrimiento!
–Y yo no quiero quedarme todo el día en casa… ¡eso sí que es aburrido!
–Pero ¿qué hacemos? No sabemos por qué ha pasado esto, ni tampoco cómo solucionarlo…
Y justo en aquel momento, el hada traviesa que había creado el encantamiento apareció en la habitación. Era pequeña como una mariposa y no llevaba una barita mágica, sino una pistola de agua con la que disparó a Zeta y a Mario que volvieron a sus cuerpos originales.
–¡Espero que hayáis aprendido la lección y ahora disfrutéis con lo que sois!
Pero tanto Zeta como Mario habían aprendido algo más. Zeta había aprendido a leer y desde entonces, además de husmear por todas partes, jugar con bolas de lana, dormir y comer, también le pedía a Mario que le dejara abierto algún libro de cuentos para leer un ratito. Mario, a su vez, había aprendido a ser más curioso y a no tener miedo cuando la profesora le pedía que leyera en alto. Si se había enfrentado valiente a una máquina que absorbía pelos… ¿cómo no iba a atreverse con la lectura?

El pintor del otoño

Texto de María Bautista 
Ilustración de Raquel Blázquez

El pintor que quiso pintar el otoño se fue un día al bosque con su maleta de trabajo. En ella traía todo lo necesario: tenía pinceles, un lienzo en blanco, una paleta de madera recién estrenada y todos los colores. Iba tan contento y aquel bosque era tan bonito, que no paraba de mirar por todas partes, emocionado con el paisaje:

– ¡Qué cielo! ¡Qué árboles! ¡Qué bonito voy a pintar el otoño!

Pero con lo que no contaba el pintor es con que empezara a llover. Para no mojarse, y evitar que se le estropeara su material, corrió a guarecerse bajo un puente, con tan mala suerte que al llegar junto al río tropezó y cayó al suelo estrepitosamente.

– ¡Mi maleta, mis colores! – gritó al ver cómo se los llevaba la corriente.

Y aunque fue muy rápido y trató de recuperarlos todos, apenas le quedaron unos cuantos: el rojo, el naranja, el marrón y el amarillo. Lejos de enfadarse, el pintor decidió que pintaría el otoño solo con aquellos colores y que aquel cuadro sería el más bonito de toda su carrera.

Y vaya si lo consiguió…

Manualidad: Setas de otoño

Por Sara Blázquez

En septiembre le decimos adiós al verano y damos la bienvenida al otoño, y es que ya tenemos muchas ganas de ver todo ese colorido que nos regala esta estación cada año. Hoy haremos una manualidad muy otoñal y que nos encanta para decorar nuestra habitación: ¡¡unas setas!! Es una actividad que podemos complementar, por ejemplo, con la lectura del cuento Atrapar el otoño.

Con esta manualidad podemos tener un primer acercamiento a la costura, así que la edad de los niños puede ser variable. Vamos a necesitar:

– Fieltro de colores.
– Un tubo de papel higiénico.
– Tijeras.
– Aguja e hilo.
– Algodón.
– Pegamento.

En primer lugar recortamos un círculo de fieltro rojo, otro círculo un poco más pequeño de fieltro blanco, y varios círculos pequeñitos de fieltro blanco. En el medio del círculo blanco tenemos que hacer un agujero del tamaño del tubo de papel higiénico.

A continuación cosemos los círculos pequeñitos sobre el fieltro rojo. Colocamos el círculo rojo con los circulitos hacia arriba, ponemos sobre él el círculo blanco y lo cosemos todo alrededor. A través de la abertura que hemos dejado en el medio damos la vuelta a la seta y después la rellenamos bien con algodón.

Para hacer el tallo de la seta cortamos un rectángulo de fieltro blanco y forramos con él un tubo de papel higiénico. Tendremos que poner un poco de pegamento al principio y al final.

Por último, anclamos el «sombrero» de la seta al tallo, lo cosemos y… ¡listo!

Cómo crear niños NO lectores. Puntos a evitar en la promoción de la lectura

 

Todos sabemos lo difícil que resulta a veces conseguir despertar el interés de los niños por la lectura. Mucho más fácil, por desgracia, es conseguir el efecto contrario: que los libros sean vistos como objetos aburridos a los que es mejor no acercarse.

Por eso, en Cuento a la Vista os damos unos puntos a evitar en la promoción de la lectura. Acciones que, no solo no ayudarán a que nuestros hijos se conviertan en lectores, sino que entorpecerán el proceso, llevándolo quizá a un punto de no retorno.


  1. LIBRO VERSUS TELE
No debemos convertir a la televisión en el enemigo acérrimo de la lectura. Uno y otro se complementan y el niño debe tener tiempo para hacer ambas actividades si así lo desea. Es importante controlar lo que ven en la tele y el tiempo que dedican a ello, pero sin olvidar que la televisión también ayuda a enriquecer a nuestros pequeños. Además, si nuestros hijos perciben que les estamos negando una distracción, la televisión, para imponer otra, los libros, esta última no será vista como tal, sino como una especie de castigo que no ayudará en nada a fomentar el amor por los libros.
  1. CENSURAR GÉNEROS
No siempre nuestros gustos coincidirán con los de nuestros hijos. Pero eso no significa que debamos juzgarlos. Un caso común es el de los cómics. Muchos padres consideran que estas lecturas no aportan nada y que el tiempo que sus hijos dedican a los cómics no lo están dedicando a leer “literatura de verdad”. Este planteamiento es un grave error, no solo porque los tebeos son la mejor puerta de entrada al mundo de la literatura, sino porque al impedir al niño hacer algo con lo que disfruta, dejará de identificar lectura con entretenimiento y se alejara de los libros. 
  1. HAZ LO QUE YO DIGO PERO NO LO QUE YO HAGO
Ya lo decía el eslogan del ministerio: si tú lees, ellos leerán. Los padres somos el modelo a seguir por nuestros hijos y por eso debemos dar ejemplo. No podemos insistir a los pequeños con respecto a los libros y luego negarnos a leerles un cuento antes de dormir. Hay que buscar tiempo para compartir la lectura con nuestros hijos y para convertir esto en un momento de intimidad que nos acerque a ellos.
  1. IMPONER LIBROS
Si a nuestro hijo no le gustan ciertos libros, no les obliguemos a que los lean. Hay tantos títulos que es absurdo empeñarnos en que haga lecturas que no le satisfagan. Ya volverán a ellas más adelante si así lo creen. Cada lectura tiene su momento y un libro, leído en una época inadecuada puede conseguir alejar de la lectura a los pequeños. Ten en cuenta que la biblioteca de nuestros hijos debemos crearla con ellos, porque no servirá de nada ofrecerle solo libros que no despierten su interés. Hay que conocer a nuestro hijo, sus gustos y aceptar y apoyar sus lecturas favoritas.
  1. EL LIBRO COMO AMENAZA
Las lecturas obligatorias dejémoslas para la escuela. En casa el libro tiene que ser un objeto que atraiga, que apetezca y divierta. No hay nada peor que obligar a un niño a que lea, sin interrupción, de una hora a otra. Sugerir, convencer, animar pero nunca obligar, ni mucho menos amenazar con un castigo en caso de que no se lea. Si lo hacemos habremos creado inmediatamente un no lector.

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Los regalos de septiembre


Texto de María Bautista
Ilustración de Raquel Blázquez

De repente, llegó septiembre. La gente volvió a casa y poco a poco, las ciudades, tan vacías durante agosto, fueron llenándose de habitantes. 
          ¡Se acabó la playa! ¡se acabó el descanso! –se escuchaba lamentarse a todo el mundo por las esquinas.
Y todo el mundo parecía triste. Los mayores fruncían el ceño y maldecían los madrugones. Los niños agotaban los días de vacaciones y suspiraban. Los perros volvían a sus pisos de ciudad, a sus parques de ciudad y echaban de menos correr por la playa.
Septiembre deseaba tanto que la gente le quisiera que se dedicó a regalarles cosas. 
          Todo el mundo se siente feliz cuando estrena algo, ¿verdad?
Fue así como decidió regalar a todos aquellos adultos gruñones unos zapatos nuevos, para que en vez de arrastrar los pies de camino al trabajo, brincaran y bailaran sin parara. A los perros, que echaban ya no podían correr por la playa, les regaló apetitosos huesos que esconder en los parques. Pero sin duda, los más afortunados fueron los niños: septiembre les regaló una caja de lápices de colores para que pudieran colorear sus libros nuevos.
          ¡Qué divertido es estrenar cosas! – exclamó septiembre al ver las caras de felicidad de los niños. 
Y tanta envidia le dieron, que quiso estrenar algo. Y estrenó el otoño.

¿Cómo leo con mi bebé?

Hace unas semanas hablábamos de qué libros eran los más apropiados según las edades de los niños. Hoy lo que os vamos a explicar es como ayudar a mejorar la atención del bebé y hacer que la lectura con él sea divertida desde los primeros meses de vida.

En primer lugar, como ya comentamos en el post de qué leer, es fundamental escoger libros para bebés, los de tela o plástico o libros de hojas de cartón duro para que el niño pueda jugar con ellos, manipularlos, etc.

Es importante dejar los libros al alcance del bebé, para que por sí mismo los pueda coger y jugar con ellos, al igual que hace con otros juguetes, muñecos, etc. Por supuesto, hay que tener en cuenta que el niño va a jugar con ellos como juega con otros muñecos, y lo más natural es que se los lleve a la boca. Es esta una de las razones por la que es fundamental, como hemos comentado, escoger los libros más apropiados para su edad.

Ponte como objetivo crear una rutina diaria. Acurrúcate con el niño y el libro. El hecho de que el niño se sienta seguro en tus brazos le ayudará a aumentar la confianza y se sentirá a gusto mientras le lees.

No dejes que sea un monólogo. Trata de incentivar sus chapurreos y balbuceos. Es la forma en la que el niño se comunica contigo y un primer paso antes de aprender a hablar. También es importante que prestes atención a las reacciones del niño con los libros que le lees y vayas averiguando con qué libros disfruta más y cuáles no le gustan. Y dale la mano, incentívale para que se mueva, pase las páginas, se toque, señale cosas y así vaya fortaleciendo también sus músculos.

Aprovecha la lectura también para cantarle y así reforzar los sentimientos positivos de tu bebé hacia los libros. Además, a lo largo del día es bueno que hables a tu bebé. Descríbele cosas, lo que veis cuando paseais, pregúntale cosas. Así tu hijo irá escuchando y aprendiendo palabras, ideas, etc.

Hugo’s Training Wheels


Texto por María Bautista
Traducción por Dani Moore
Ilustración por Raquel Blázquez


Hugo was already older. Or so he felt, much older. So he did not understand why his parents refused to buy him a real bicycle. Not a tricycle like the one he had, but rather an authentic cyclist’s bicycle, with which one day he will become champion of the Tour de France. He insisted so much and wished for it so much that, finally, on his birthday, his parents gave him a lovely bicycle.

– I love it!! Can we go to the park to try it out?


But what Hugo did not know was that riding a bicycle was much more complicated than he had thought. And, that his mother would have to help him the whole morning. 

– I am holding you Hugo. Pedal!

And that was a marvelous feeling. You see, Mom could not hold on the whole time. It was not very practical if he wanted to become a cyclist. Where had he seen a Tour de France where the moms were running behind the athletes? So when everyone thought Hugo was already able to ride alone, they let him go and BOOM! Hugo crashed so hard he even broke a tooth (thank goodness it was a baby tooth, which was about to fall out). 

After that fall, Hugo wanted nothing to do with the bicycle. That machine was devilish and horrible and the cyclists of the Tour de France were crazy people that risked their lives on that dangerous device. Until one day, Dad arrived home with a new gift: training wheels for the bicycle. 

– With these you will never fall! You will see.

Hugo fearfully tried that new invention and noted with joy that, now, he could pedal without losing balance. From then on, Hugo went everywhere with the bicycle: to buy bread (although the bakery was just around the corner), to school (although the school was at the end of his street) and above all, to the park. 

In the park there were no cars, so Hugo could ride at his leisure. He rode up and down the slopes so fast that he felt like a pilot about to take off, or a cyclist about to win a stage. All around him, the kids with new bikes tried to learn to ride without training wheels and fell helplessly to the ground. Hugo, upon seeing them fall, laughed at them and passed by them very fast and happy with his green bicycle, his training wheels and his feeling as champion of the Tour. 

But with time, all those kids that fell on their bicycles without training wheels were learning how to ride their bike alone, and with their two wheels were much faster than Hugo and his four wheels.

– Hugo, are you sure that you do not want to try again without training wheels? –his mother asked him one day upon seeing him watch the rest of the kids seriously. 
– No! I am very good as I am. I will wait for you at the bottom, Mom.

And upon saying so, Hugo dropped down the slope. Why did he want to ride a normal bike? He did not want to lose balance and hurt himself. Further, he also could go very fast and win the Tour with his training wheels. To demonstrate this, Hugo began to pedal with such force that he felt how the wind ruffled his bangs sticking out of his helmet. It was an incredible feeling! It felt so good that, without realizing, he closed his eyes for an instant and got carried away, until a sharp yelp surprised him so much that he almost collided with a tree. But upon trying to dodge it, he fell noisily to the ground.

The boy brought his hand to his knee and saw that he had a small wound and felt like crying. But, Mom would not hear him cry, so he decided to resist the urge and get up as if nothing had happened. 

But something had happened. Tons of bad tempered squirrels were staring at him. 

– Savage! You almost ran over one of our friends.

Hugo could not believe what he was seeing: A squirrel that talked!

– What were you thinking?! Closing your eyes when you ride a bicycle!
– And riding so fast! At that speed it is lucky that you did not crush your head.
– Of course, it was because you are wearing a helmet! But our friend does not have a helmet; what if you caught her…

For a moment, Hugo forgot how amazing it was that there were talking squirrels and he felt very, very embarrassed. Upon noticing that, a squirrel, the only one with gray hair, felt a bit sorry for Hugo and began to defend him: 

– Leave him alone. He is only a small boy. Look, he even has training wheels on his bicycle!

Far from relieving him, that comment bothered Hugo a lot. He was already older! And besides, what would those squirrels know about bicycles?

– Well yes, I have training wheels, but that is so I do not fall. 
– But you didn’t think you could win any race with those tiny wheels, did you? Besides, who said that you could not fall with them? You just fell! – another squirrel laughed loudly. 

Hugo thought for a moment, so ashamed, that the gray squirrel again pitied him. 

– If you are so embarrassed to ride with training wheels, why don’t you take them off?
– Because without them I do not know how to ride. I fall all the time and I don’t like that. 
– Of course, no one likes to fall, but sometimes there is no choice. Look at us. We climb the trees and we jump from branch to branch and rarely do we fall. But it was not always so. When we were small and inexperienced, we fell all the time. But, we did not throw in the towel. If we had done that…now we would only climb bushes. What a bummer!

Hugo realized that those squirrels were right. As much as he feared falling again, he had to learn to ride the bike (especially if he wanted to be the winner of the Tour). 

– But… don’t leave! 

In that moment, Hugo discovered that his mother was coming. 

– Hugo, are you okay? With who have you been talking?

The little boy was about to tell her that it was with the squirrels, but then he thought for a moment. Would Mom believe him even if he told her? At the end of the day…. adults never believe those things! So instead of explaining what had happened, he simply told her: 

– Listen, Mom…Do you think Dad will want to take off the training wheels?


Si quieres leer el cuento original, pincha aquí.