Ilustración busca cuento: Bases del concurso – Noviembre 2014

Cuento a la vista cumple 4 años y queremos celebrarlo lanzando un nuevo concurso de cuentos en nuestra sección Ilustración busca Cuento. 


La convocatoria está abierta a todos los niños de hasta 12 años que escriban un cuento relacionado con esta ilustración. 

Para ello contamos con dos categorías: 

– Categoría A: Para niños de hasta 8 años.
– Categoría B: Para niños de entre 9 y 12 años. 

El plazo de presentación finaliza el viernes domingo, 30 de noviembre

Tenéis que enviar los cuentos a: participa@cuentoalavista.com y en el asunto poner:  Ilustración Busca Cuento Noviembre 2014. Junto con el cuento deberán aparecer la categoría a la que se presenta y los datos del participante: Nombre y Apellidos del niño, Fecha de Nacimiento e Email de contacto.

Cada ganador recibirá un premio consistente una colección de 6 libros infantiles.

Aquí tenéis la ilustración y las bases completas: 

1. Participantes: Podrá participar en este concurso cualquier niño que lo desee, nacional o extranjero. Dependiendo de la edad, se participará en una de las siguientes categorías:


– Categoría A: Para niños de hasta 8 años.
– Categoría B: Para niños de entre 9 y 12 años. 

2. Temática: El cuento deberá ser infantil, estar relacionado con la ilustración propuesta y escrito en castellano.

3. Extensión: Los cuentos deberán ser originales e inéditos, escritos en castellano y con una extensión no mayor a un folio escrito por una sola cara en cuerpo 12 y a doble espacio.

4. Presentación: Los cuentos se enviarán por email a la siguiente dirección: participa@cuentoalavista.com y el asunto Ilustración BuscaCuento Noviembre 2014 .Junto con el cuento deberán aparecer la categoría a la que se presenta y los datos del participante: Nombre y Apellidos del niño, Fecha de Nacimiento e Email de contacto.

5 . Plazo de presentación. El plazo de presentación de cuentos finalizará el 30 de noviembre de 2014.

6. Resolución del Concurso. Cuento a la Vista seleccionará el mejor cuento de cada categoría que se publicará en http://www.cuentoalavista.com durante la primera quincena de diciembre.

7. Premios: Se establece un único premio por categoría consistente en un lote de seis libros.

8. Devolución de propuestas: Las obras presentadas no serán devueltas, pudiendo ser empleadas éstas para futuras comunicaciones.

9. Será responsabilidad de los autores, o en su defecto sus tutores legales, cualquier reclamación que pueda producirse en relación con la autoría del cuento y su posible plagio.

10. La Organización del Concurso, podrá resolver las dudas que se presenten y tomar los acuerdos necesarios para el buen orden del concurso, en todo lo no previsto en estas Bases.

11. Si en el plazo de 5 días tras habernos puesto en contacto con el ganador, este no aceptara el premio, el ganador pasará a ser el segundo finalista y así sucesivamente.

12. La presentación al concurso supone la aceptación íntegra de las bases del mismo.

Anuncios

Las pruebas de Tarzana

Texto de Carolina Fernández
Ilustración de María Pérez

Tarzán había sido uno de los mejores líderes de la selva, todos los animales habían sido felices y se habían sentido protegidos durante todo el tiempo que él había estado al mando, los lagos estaban más limpios, las tribus se llevaban mejor entre ellas, los árboles estaban más robustos y los frutos eran más ricos que nunca. Sin embargo llegó el día en que Tarzán cansado de tanta humedad decidió abandonar la selva y cambiar de aires, así que reunió a todos los animales y les dio la noticia:

 -A partir de ahora, tendréis que pensar quién será vuestro nuevo líder, yo me voy una temporada y estoy seguro de que sabréis apañároslas sin mí.

Tarzana en ese momento vio que su sueño podría hacerse realidad. Tarzana era una de las niñas que se había criado en la selva, y que apasionada por los ríos, las lianas y los animales siempre había estado cerca de Tarzán aprendiendo cómo sobrevivir en la selva…de ahí que todo el mundo terminara llamándola Tarzana.

– ¡A mí me gustaría ser la nueva líder! ¡He aprendido mucho de Tarzán durante todo este tiempo!

Los animales pusieron cara de susto y todos ellos murmuraban:

– ¡¿Una chica?!…¿cómo va a protegernos una chica, cómo va a imponerse una chica, cómo va a defendernos una chica?
– Tarzán esto no puede ser así, ¡las chicas son para otras cosas!

Tarzán conocía muy bien a aquella chica, y sabía que podía confiar en ella. Pero eran los animales quienes debían darse cuenta de aquello.

Finalmente, y tras mucho discutir, el consejo de la selva decidió organizar unas pruebas. La persona que las superara con éxito sería la encargada de dirigir la selva.

Pero nadie se ponía de acuerdo. Algunos pensaban que el mejor sucesor de Tarzán sería un gran chimpancé, cuya sabiduría era la misma de Tarzán, ya que este había aprendido todo lo que sabía de los monos. Otros pensaban que el cocodrilo era el más apropiado, ya que dominaba el agua y la tierra. Pero una cosa sí tenían clara: Tarzana, como era chica, nunca sería la mejor para proteger y salvaguardar la selva.

Todos estaban seguros de eso, todos menos León, que había crecido con Tarzana, y sabía que no había nadie mejor. La había visto correr, saltar, trepar y aprender sobre la selva desde que él tenía recuerdo. Nadie mejor conocía cada rincón de la selva y sus animales.

Tarzana estaba muy enfadada con todo lo que estaba pasando y se pasaba el día quejándose a su amigo León:

– ¿De verdad piensan que no puedo hacerlo porque soy una chica? No me lo puedo creer…¡me han visto durante años por la selva !
– Tienes razón Tarzana, la mayoría piensa que las chicas son menos fuertes, tienen menos habilidades y están menos preparadas para mandar. Pero tú eres la mejor, y si haces esas pruebas demostrarás a todos que las habilidades y capacidades de cada uno, no tienen que ver con ser chico o chica.
– Yaaaa…pero tener que demostrarlo por ser chica, es un rollo …
– Pero ya verás cómo después de hacerlo dudarán un poco menos de las chicas – exclamaba entusiasmado León, que confiaba ciegamente en su amiga.

Tarzana sabía que contaba con la confianza de León, incluso con la de Tarzán, así que según se acercaba la fecha iba estando más tranquila y confiada en ella misma.

El gran día llegó, el consejo había ideado las tres pruebas más difíciles y habilidosas que se le habían ocurrido dudando que Tarzana pudiera superarlas. El consejo estaba convencido de que el gran chimpancé o el cocodrilo lo harían mucho mejor.

La primera prueba consistía en recorrer la selva en lianas en el menor tiempo posible. El gran chimpacé lo tenía chupado. Pero no fue así. Tarzana era muy rápida, hábil y pequeña, de modo que era más fácil ir rápido y no enredarse entre los árboles. ¡Prueba superada y ganada!

La segunda prueba consistía en nadar más rápido que los demás por el rio de la selva. Era imposible que Tarzana ganara al cocodrilo. Pero Tarzana volvió a sorprenderles: utilizó el gran truco que había aprendida de Tarzán, ponerse grandes hojas en los pies como si fueran aletas de pez. Con ellas podía ir tan rápido como el cocodrilo. Además, como tenía más resistencia, consiguió llegar al final antes que él. resistencia ¡Segunda prueba superada y ganada!

Y la tercera prueba tenía que ver con luchar contra la gran hiena, no había animal más difícil de vencer en toda la selva, de modo que era imposible que lo superara. Su amigo León, al verla tan confusa, se acercó a ella para darle ánimos:

-Tarzana, recuerda la cantidad de veces que me has vencido jugando a luchar, eres fuerte, pero sobretodo eres hábil.

Así que Tarzana confiando en sus habilidades, volvió a dejar a todos boquiabiertos, en la lucha. Ella llevaba años aprendiendo de naturaleza: era ágil como un jaguar subiendo por un árbol, sigilosa como una boa arrastrándose por la maleza, había aprendido a correr con lo guepardos y con su amigo León había descubierto técnicas para tumbar hasta a los animales más grandes. Así que al final, después de mucho pelear, consiguió dejar en el suelo y totalmente paralizada a la gran hiena. ¡Tercera prueba ganada y superada !

Tarzana no solo había ganado las tres pruebas que le habían impuesto los animales, sino que además había conseguido lo más difícil: ganarse la confianza y el respeto de todos los animales.

Tarzana habló para todos confiando en ella y sintiéndose segura. Les habló de todas las aventuras que había vivido siguiendo a Tarzán por la selva, de todos los rincones secretos que había descubierto y de todos los problemas que había visto resolver. Ella debía ser la nueva líder de la selva, porque había demostrado que era la mejor.

Los animales se sintieron avergonzados de haber dudado de ella, y se dieron cuenta de que era la mejor persona para protegerles y cuidar de la selva. La más valiente, la más rápida, la más ágil y la más lista.

Fue la primera vez que una chica estaba al mando de la selva… y fue la última vez que en el mundo al revés se dudó de que una chica no fuera capaz por el simple hecho de ser una chica.

¡Mira que tres!


Texto de Carolina Fernández
Ilustración de María Pérez

En un lejano bosque, lleno de diferentes y hermosos habitantes, se encontraban los protagonistas de nuestra historia. Podían parecer muy distintos, pero en realidad tenían muchas cosas en común.

Les diferenciaba que cada uno era de una edad diferente, de un color diferente, de un lugar de nacimiento diferente, dos eran niños y una era niña y el pasatiempo favorito de cada cerdito era diferente.

Las cosas que tenían en común eran, que en primer lugar los tres eran cerdos, los tres corrían y jugaban por el bosque, a los tres les gustaba jugar y comer frutas de los árboles y aunque el pasatiempo de cada uno era diferente lo que más les divertía era disfrutar haciendo cosas juntos.

El cerdito más pequeño era de color amarillo, sus ojos eran alargados parecían cerrados todo el tiempo y lo que más le gustaba era leer recostado en los troncos de los grandes árboles.

La cerdita mediana era marrón oscura casi negra. Sus ojos siempre parecían muy abiertos porque de ser tan oscura resaltaba muchísimo el blanco del fondo de sus ojos. Y lo que más le gustaba era subirse a los grandísimos árboles del bosque y columpiarse desde arriba.

El cerdito mayor era una mezcla entre rosa y marrón clarito. Sus ojos eran verdes y cómo era el mayor lo que más le gustaba era cuidar de los pequeños e inventarse juegos para poder jugar juntos.

Los dos cerditos y la cerdita no sabían muy bien cómo habían llegado desde el lugar donde nacieron a ese bosque maravilloso de árboles inmensos, pero la verdad es que les daba igual. Allí se sentían como en casa y entre ellos se sentían cómo hermanos.

Un buen día el cerdito mayor, cansado de pasar mucho calor en el bosque les propuso:

– ¡Ey! ¿Por qué no nos hacemos una cabaña en un árbol? De ese modo, los días de mucho calor estaríamos mejor, y cuando llueva podríamos seguir jugando porque tendríamos un techo.
– ¡Qué gran idea! – dijo la cerdita mediana – Y además podíamos guardar todos nuestros juguetes.
– Y yo podría leer siempre que quisiera sin pasar frío ni calor – respondió el pequeño- ¡yo metería todos mis libros!
– Fenomenal, que cada uno piense que puede aportar para hacer la cabaña y mañana comenzaremos. 

Decidieron entonces que iban a construir una estupenda cabaña en un gran árbol para poder tener un lugar donde compartir y estar juntos. Estaban contentísimos y fueron corriendo a contarles la idea a sus papás y sus mamás. Ninguno se esperaba lo que pasó después.

Casualmente a cada papá y mamá les encantó la idea de que tuvieran una cabañita donde jugar, sin embargo y para sorpresa de los dos cerditos y la cerdita no les gusto mucho la idea de que la cabaña fuera la misma. Decían cosas que no entendían muy bien cómo que tener todos los juguetes juntos no era bueno porque luego no sabrían cual eran los suyos, que podían romperse o perderse, o que si la cabaña era para ellos solos, podrían utilizarla cuándo quisieran y se ahorrarían problemas. Así que animaron a los dos cerditos y la cerdita a hacerse su propia cabaña.

En realidad ninguno estaba muy de acuerdo con lo que les habían contado, porque si querían un lugar para estar juntos ¿qué sentido tenía hacer una cabaña para jugar solos? ¿a qué problemas se referían los adultos?…

Pero a pesar de no entender ni estar de acuerdo con nada, ninguno de los tres se atrevió a llevarle la contraria a los mayores, así que se pusieron a pensar cuál sería el mejor material para hacer sus cabañas.

El cerdito mayor pensó en utilizar piedras, la cerdita mediana pensó en la paja, y el pequeño pensó que lo mejor era la madera.

Al día siguiente cada uno llevó sus piedras, su paja y su madera dispuestos a construirse un lugar para jugar, cada uno el suyo. Sin embargo después de unas horas desesperándose por lo difícil que era construir una cabaña sin ayuda, se juntaron de nuevo:

– Las piedras son muy pesadas, creo que no sirven.
– Y la paja se volará con el viento.
– La madera parece buena idea, dijo el cerdito pequeño, pero no entiendo porque voy a construir una cabaña para jugar si voy a estar solo.
– ¿Por qué no juntamos nuestros materiales, nuestras fuerzas y nuestras ideas y hacemos una cabaña para los tres?- dijo la cerdita mediana.
– ¡Sí, eso haremos!- dijo entusiasmado el cerdito mayor-. Le demostraremos a los mayores que están equivocados, y haremos algo tan genial juntos que se quedaran sin habla.

Y así fue como los dos cerditos y la cerdita con paja, madera y piedras construyeron una gran cabaña en lo alto del árbol y guardaron sus libros y sus juguetes. Orgullosos enseñaron por fin la gran cabaña a sus familias. Los papás y las mamas se quedaron muy sorprendidos al ver la gran cabaña que habían construido y lo felices y orgullosos que estaban sus hijos de haber hecho algo tan genial juntos.

Tuvieron que felicitarles y aprender una gran lección; pensaban que sus pequeños iban a tener más si conseguían algo para ellos solos, sin embargo, los dos cerditos y la cerdita, les enseñaron que se consigue, se aprende y se disfruta más cuando se comparte, se coopera y se construye en común.

Navegamos rumbo… Perú – Pachacútec y los hijos del Sol

Texto de Alicía López
Ilustración de María Pérez

El joven rey Pachacútec era un bravo guerrero, pero todo los incas sabían que su valentía no estaba destinada a planear grandes batallas sino a que su pueblo fuera feliz y próspero. Hoy en día muchos lo recuerdan como uno de los reyes incas más queridos, pero no siempre fueron buenos tiempos en su reinado.

Hubo una época en la que las tierras sufrían una grave sequía: los árboles no crecían, los cultivos no daban sus frutos y el pueblo pasaba mucha sed. La gente miraba hacia el cielo desesperada y llamaba a la lluvia, pero ésta no llegaba. Parecía que sus voces no llegaban tan alto y no eran escuchadas.

Los incas pidieron a su rey una solución. Pachacútec, muy preocupado, quería que su pueblo creciera sano y fuerte. Un día decidió hablar con el Sol, quien no dejaba de aparecer día tras día inundando de luz su reino.

El Sol estaba muy alto. Tanto que pensó que si quería que éste lo oyese tenía que estar lo más cerca posible de él. Para ello, Pachacútec decidió subir a la montaña más alta de su reino, el Machu Picchu.

Después de una larga y difícil travesía el joven guerrero se acercó tanto al Sol que casi podía tocarle.

– Rey Sol, te habla un humilde inca preocupado por su pueblo. Necesito tu ayuda para que los árboles sigan creciendo, los cultivos den sus frutos y el pueblo no pase sed.
– Veré cómo te puedo ayudar, joven Pachacútec. Yo me encargo de daros calor y luz, pero no agua. Hablaré con mi familia.
– Gracias, Rey Sol. Nuestro pueblo te estará eternamente agradecido.

El Rey Sol habló con sus hijos más pequeños y revoltosos: Rimac y Chacla. Les contó como el pueblo inca estaba pasando por un mal momento. Ambos se quedaron entristecidos con la historia y decidieron hacer todo lo posible por ayudarlos. Después de mucho pensar tuvieron una idea. No iba a ser tarea fácil, pero sí divertida.

Los dos hermanos se despidieron de su padre, que estaba muy orgulloso de la generosidad de sus hijos. La gran aventura no había hecho más que empezar. Rimac y Chacla brincaron entre las nubes hasta quedar cubiertos de infinitas gotas de lluvia. Saltaron de una nube a otra y se dejaron caer por las altas montañas. Persiguiéndose el uno al otro fueron creando un gran torrente de agua que poco a poco ganaba más velocidad y caudal. El río acabó fundiéndose en el mar donde los hermanos aún tenían una última misión que llevar a cabo. Cogiendo un gran impulso, subieron al cielo en forma de nubes grises, cargadas de agua. El viento los impulsó tierra a dentro y poco a poco fueron descargando una fina lluvia por todo el reino de Pachacútec.

El pueblo inca salió de sus casa saltando de alegría por cada gota que caía en sus tierras. En cuestión de pocos días pudieron comprobar cómo los árboles comenzaron a crecer, los cultivos recuperaron su verdor y el pueblo tuvo manantiales donde coger agua para beber.

Desde arriba, el Sol contemplaba orgulloso la tarea de sus hijos, comprobando lo bien qué habían hecho su trabajo. Nombró a la princesa Chacla la Reina de las Nubes, para que nunca faltara lluvia en la Tierra. Al príncipe Rimac lo nombró el Rey de los Ríos y puso su nombre a uno de los ríos más caudalosos del Perú.

El joven Pachacútec, agradecido al Rey Sol, construyó un gran templo en honor al sabio astro en la montaña Machu Picchu. Allí se instaló también con su familia en un precioso palacio. Centenares de incas viajaron también con su rey, para instalar allí sus casas y prósperas tierras de cultivo. Eran tantos lo que quisieron estar en la gran montaña que idearon un fabuloso sistema de cultivos en terrazas para aprovechar así toda la superficie de la montaña.

El Rey Sol acariciaba cada día con sus rayos la bella ciudad y animaba a sus hijos a que nunca les faltara lluvia, para regar sus campos, y manantiales, para abastecer sus hogares. En el Templo del Sol, el pueblo inca celebra cada año una gran fiesta en el solsticio de verano, para no olvidar nunca cómo les ayudó en momentos de necesidad y les hizo convertirse en uno de los pueblos más ricos de América.