El pintor del otoño

Texto de María Bautista 
Ilustración de Raquel Blázquez

El pintor que quiso pintar el otoño se fue un día al bosque con su maleta de trabajo. En ella traía todo lo necesario: tenía pinceles, un lienzo en blanco, una paleta de madera recién estrenada y todos los colores. Iba tan contento y aquel bosque era tan bonito, que no paraba de mirar por todas partes, emocionado con el paisaje:

– ¡Qué cielo! ¡Qué árboles! ¡Qué bonito voy a pintar el otoño!

Pero con lo que no contaba el pintor es con que empezara a llover. Para no mojarse, y evitar que se le estropeara su material, corrió a guarecerse bajo un puente, con tan mala suerte que al llegar junto al río tropezó y cayó al suelo estrepitosamente.

– ¡Mi maleta, mis colores! – gritó al ver cómo se los llevaba la corriente.

Y aunque fue muy rápido y trató de recuperarlos todos, apenas le quedaron unos cuantos: el rojo, el naranja, el marrón y el amarillo. Lejos de enfadarse, el pintor decidió que pintaría el otoño solo con aquellos colores y que aquel cuadro sería el más bonito de toda su carrera.

Y vaya si lo consiguió…

Anuncios

Avistamos cuento: Soy un artista

Por María Bautista

Soy un artista
Autora e ilustradora: Marta Altés
Editorial: Blackie Books
Encuadernación: Cartoné
ISBN: 9788494167607
PVP: 14, 90
32 páginas
A partir de 3 años

Hay quien no lo entiende, pero eso de ser artista es durísimo. No es algo que uno haga de vez en cuando, sino que aquel que es artista lo es siempre y en cada pequeña cosa encuentra inspiración.

Eso le pasa, al menos, al protagonista de este álbum ilustrado de la irreverente Blackie Books. Un libro que hará la delicia de pequeños artistas y de mayores con mucha imaginación.

Porque al niño protagonista del cuento, eso de estar siempre con pose de artista le trae más que un quebradero de cabeza, pero es que la inspiración no es algo que uno pueda controlar. Aparece cuando menos te lo esperas y no hay que dejarla pasar.

Marta Altés es la autora e ilustradora de este tierno y divertido libro que rompe una lanza por esos pequeños artistas que ven en las rutinas más básicas (comer, vestirse, pasear por el campo) un lienzo en blanco donde expresar toda su creatividad.

Un libro para niños y para mayores con ganas de guerra, que estén dispuestos a aceptar que si la vida de los adultos es un poco gris (o nos empeñamos en que sea gris) la de los niños no tiene por qué serlo y no hay que canalizar la creatividad infantil por los cauces que nosotros pretendemos, sino por los que nuestro pequeño artista elija.

Todo un canto a la creatividad, la imaginación y el arte. 

¿Conoces al rey de los enanos?

¿Qué enano soy?

Texto por Frauke Samland
Ilustración por Raquel Blázquez

Érase una vez que se era…aunque a lo mejor no era… que vivía un rey riquísimo en un reino grandísimo. Este rey poseía todas las cosas que deseaba. Aún así estaba muy triste porque le faltaban  verdaderos amigos. Todos los presuntuosos cortesanos que le rodeaban siempre decían lo que él quería oír. Esto disgustaba mucho al rey.

El súbdito que mejor le caía era su querido pintor de cámara. Le gustaba tanto que el rey a veces solía visitarle en su estudio yendo a pie hasta el otro lado del palacio real. El pintor retrataba al rey y también a las princesas y los príncipes: pintaba a toda la corte, incluso a aquellos cortesanos presuntuosos.

El rey se aburría cada vez más así que un día pidió a su pintor: “Pintor, ¡píntame otra cosa!” “¿Pero qué?” preguntó éste. “Píntame una composición que ningún artista se haya atrevido a pintar antes, ¡algo extraordinario!“contestó entonces el rey.

Enseguida empezó a dar vueltas sobre qué sorprendente cuadro podría gustarle al rey. Muy pronto se dio cuenta de que la familia real no solo estaba rodeada de presuntuosos cortesanos sino que también existían entre ellos unos personajes alegres: los bufones y los enanos. Ellos eran los que intentaban animar al rey. El artista decidió pintar a aquellos bajitos y torcidos enanos, que encarnaban justo lo opuesto de la presuntuosa y extravagante pedantería de la corte. Así que fue llamando a los pequeños bufones a su estudio.

Primero llegó don Diego de Acedo en su traje más fino para dejarse pintar. Don Diego era un hombre importante. Gracias a él, el rey no tenía que firmar ningún documento en persona.

Don Sebastián de Morra apareció después y también se dejó pintar con placer. Era el compañero del príncipe y acababa de volver desde los Países Bajos. Sebastián tenía una personalidad tenaz. Por eso el infante le permitía seguir poniéndose la ropa colorida de su tierra materna a pesar de que la corte vestía de negro.

Francisco Lezcano era un personaje alegre. Solía acompañar al rey en las cazas reales y ayudaba a capturar al venado.

Calabacillas era un personaje excepcional. Todos los presuntuosos cortesanos estaban convencidos de que tenía la cabeza hueca, pero en realidad era muy listo. Con su mirada de loco les tomaba el pelo a todos mientras secretamente se reía sobre la necedad de aquellos.

Cuando el rey contempló a sus pequeños compañeros en los lienzos del pintor se quedó maravillado, así que le encomendó otro cuadro. Quería que éste representase a la familia real con los enanos a su lado.

El pintor se puso a trabajar y a trabajar, y a trabajar… y creó una obra que con el tiempo se convertiría en su cuadro más famoso. Un cuadro con la infanta en el centro rodeada de cortesanos y enanos. Y no solo eso: si observas con mucha atención este cuadro, podrás encontrar también al rey y a la reina dentro del cuadro…

El cuento está inspirado en uno de los pintores más importantes del arte español: ¿Sabes de qué cuadro y de qué pintor estamos hablando? ¿Y sabes quién es el enano de la ilustración?